Para Ellie Ross, sólo había dos cosas en la vida: el baloncesto y el éxito. Si algo tenía claro era que, durante el verano, iba a formar parte del equipo de baloncesto de su ciudad. Tener que ir en contra de las reglas y ser la primera chica del equipo no la detendría. Y hacer lo contrario a los demás no estaba nada mal. De hecho, estaba acostumbrada a tener el control en las discusiones y, sobre todo, a tener siempre la razón. Por eso no le gustó que el maldito Víctor insistiera en quitárselo.